Cuando la buscamos estamos siempre al filo del camino entre la tranquilidad y el problema.
Es algo así; uno viene bien, con pasos firmes y sin titubear, hasta que de repente, mira para atrás y está tan recto el camino, tan organizado y feliz que no satisface. Y ahi, buscamos el problema.
No me contentó nunca un dibujo pintado a la perfección, ni las historias felices que siempre son tan predecibles.
No, no somos así.
Seguimos por ese camino, y de golpe, causalmente, lo encontramos. ¿Lo encontramos? ¿Lo buscamos? Lo buscamos. Creo que no es nada fortuito. Nos gustan los conflictos, vivir pegados a ellos es el motor de nuestra vida.
Y el caminito se empieza a hacer cada vez más sinuoso, y angosto, chiquitito chiquitito, y nuestros pies enormes que (ya les gustaría) todo lo pueden, empiezan a ponerse de puntitas, silenciosos, pero nuestro cuerpo, y sobre todo nuestra cabeza que empieza a pesar, desestabiliza el equilibrio, mis pies en puntitas no pueden sostener semejante telaraña que produce mi cabeza.
Y vos tampoco.
Tejimos esa telaraña nosotros, y nosotros mismos nos enredamos en ella. Y ahí recordás, lo bueno que estaba el caminito recto y los pasos firmes.
Pero ya es tarde.
Entonces uno empieza desenmarañar, y a hacerse héroe de su propio conflicto.
(si se atreve!)
No hay comentarios:
Publicar un comentario