martes, 17 de agosto de 2010

(auto)Restringir

Arriesgarse, tomar impulso para volar, querer y poder. Avalar los límites que te imponen es ser cómplice de ellos, porque nadie te pone límites, más que vos mismo.
Cuando aceptas una apuesta, que deseas con todas tus ganas, con todo tu ser, sin importar el resultado, sin importar el fin sino el camino que recorriste, es cuando realmente sos el ganador, quién llega al puerto anhelado, y casi anecdótico termina siendo el resultado.

Las respuestas estan de tu piel para adentro y en tus ganas de responder (por Tomi)

Por el atardecer se esconde el sol, por el amanecer la luna ni se conocen pero saben que el otro existe, saben que antes de que el entrara en la oficina estaba el otro trabajando, dejo sus cosas apiladitas para que empieze a trabajar al que le toque el turno en ese momento. Nunca se vieron, pero se deseaban, se sentían siempre, porque las sonrisas de la tarde en la playa le hablaban a la luna del sol, y los besos con desconocidos le hablaban al sol de la luna, tenían un intriga por saber si eran parecidos o que, pero sentían que los dos hacían sentir cosas parecidas dentro de los corazones de cada persona.

Así que intentaron verse, pero siempre uno llegaba demasiado temprano o el otro demasiado tarde, parecía que tenían diferentes horarios, los desencuentros eran constantes, arreglaban por medio de las personas pero nunca se podían ver ellos, angustiados por no poder amarse a veces el sol no aparecía, se quedaba recostado triste detrás de las nubes y mojaba la tierra con sus lagrimas, la luna destruida ya no era ella completamente, ponía solo una parte de ella en algunas noches porque no le daban las fuerzas para salir entera a ser ella misma con tanta tristeza dentro.

Consumidos por la angustia decidieron seguir intentando, y buscaron mil formas para verse, y así fue que a través de la fe, el esfuerzo, las ganas, el empeño, el autoestima, el amor, el deseo, la intriga, lo oculto, lo desconocido y demás cosas un eclipse les hizo su sueño posible, su voluntad no encontró barreras pero así ellos mismos lo decidieron.

Alas escondidas

Todos los días, cuando caía la noche y el frió empezaba a incomodarla, la lombriz se daba cuenta de que no podía seguir su camino, y volvía al origen, por miedo a no saber dónde se encontraba al día siguiente. Había veces que estaba mas astuta que otras, por lo que recorría un poquito más, pero nunca lo suficiente como para llegar al destino que siempre había anhelado tener.

Intentó una y mil veces planeando diferentes estrategias, pero siempre con una seguridad escondida de que no lo iba a lograr, de que ella no era capaz.

Un día se cruzó con una hormiga, que intentó ayudarla. Corrió cada hoja de su camino, para que no tuviera obstáculos de más, y de paso, la hormiga llevaba comida a su casa, que siempre faltaba. Ese día la lombriz llegó mucho más lejos que de costumbre, pero todavía le faltaba la confianza para creer que ella podía lograrlo. Así la fueron ayudando diferentes insectos, una mosca le decía que debía molestar a los demás, para poder lograr sus objetivos, pero mucha atención no le prestó. Una araña le dijo que la mejor forma iba a ser trepando, pero claro, ella tenía ocho patas, y la lombriz ni una.

Hasta que un día, se cruzó con el insecto más lindo de todo el aire libre, seducía a quien quisiera con su vuelo delicado, era la libélula, que enseguida se mostró interesada en ayudar a la pobre lombriz. Al contarle su problema la libélula comenzó a reír, pero antes de que la lombriz se enojara por la falta de respeto que eso implicaba, la libélula le dijo que a ella también le había costado mucho conseguir sus objetivos, que nunca se había animado a volar, pero que poco a poco, fue perdiendo el miedo y ganando confianza, perdiendo la resignación y alcanzando objetivos. La lombriz seguía un tanto enamorada a la libélula con la vista. La libélula le dijo, aunque no tengas alas, tenés que dejar volar tu imaginación, tus sentidos, tus miedos, tus deseos, para lograr todo lo que querés, porque querer es poder. Cuando quiso darse cuenta, la lombriz estaba siguiendo el vuelo de su amiga la libélula, que la había conducido al lugar tan preciado desde hacía tanto tiempo.

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