lunes, 30 de agosto de 2010

El mejor papel que podés tomar es el tuyo.

Los trazos que escriben en tu papel quiero que sean genuinos. No quiero ver trazos fuertes y duros, cuando necesites llorar, no quiero ver letra liviana y risueña, cuando toque la puerta un peso sin igual. No dejes de escribir nunca ese papel, reescribilo cuantas veces necesites. No quieras encontrar otro papel en el cual dibujar y escribir, tomá coraje, agarrá el tuyo, que está esperando con ansias que presiones sobre él, si querés rompelo, si querés dibujalo, pero que sea el tuyo, y no una mentira barata que no te permite avanzar, y que no te crees ni vos. Quiero leer, leerte, sin parar. Si tu caligrafía es transparente no voy a percibir nada, y yo quiero entenderte, hasta en lo imperceptible. Quiero leerte, ni siquiera escucharte, con leerte me alcanza para comprender, para sostener los cimientos de tus días negros, o para ser quien acompañe tu regocijo. Desdibujate, aliviá tu mente llena de cositas, lindas y feas. Relajate y comprendé que todo ese aire que te aprieta el pecho se libera con unas líneas en ese papelito que tenés frente a tus ojos. Escribí, y cuando no quieras escribir más, gritá, y cuando no quieras gritar, pintá, y si no te gusta pintar, cerrá los ojos e imaginá, pero expresate, por favor.

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