martes, 31 de agosto de 2010
Oir, oirse, en silencio.
lunes, 30 de agosto de 2010
El mejor papel que podés tomar es el tuyo.
domingo, 29 de agosto de 2010
El sol está arriba, dejá de mirar el piso
viernes, 20 de agosto de 2010
Un tiempo después.
Grandes objetivitos.
martes, 17 de agosto de 2010
(auto)Restringir
Las respuestas estan de tu piel para adentro y en tus ganas de responder (por Tomi)
Por el atardecer se esconde el sol, por el amanecer la luna ni se conocen pero saben que el otro existe, saben que antes de que el entrara en la oficina estaba el otro trabajando, dejo sus cosas apiladitas para que empieze a trabajar al que le toque el turno en ese momento. Nunca se vieron, pero se deseaban, se sentían siempre, porque las sonrisas de la tarde en la playa le hablaban a la luna del sol, y los besos con desconocidos le hablaban al sol de la luna, tenían un intriga por saber si eran parecidos o que, pero sentían que los dos hacían sentir cosas parecidas dentro de los corazones de cada persona.
Así que intentaron verse, pero siempre uno llegaba demasiado temprano o el otro demasiado tarde, parecía que tenían diferentes horarios, los desencuentros eran constantes, arreglaban por medio de las personas pero nunca se podían ver ellos, angustiados por no poder amarse a veces el sol no aparecía, se quedaba recostado triste detrás de las nubes y mojaba la tierra con sus lagrimas, la luna destruida ya no era ella completamente, ponía solo una parte de ella en algunas noches porque no le daban las fuerzas para salir entera a ser ella misma con tanta tristeza dentro.
Consumidos por la angustia decidieron seguir intentando, y buscaron mil formas para verse, y así fue que a través de la fe, el esfuerzo, las ganas, el empeño, el autoestima, el amor, el deseo, la intriga, lo oculto, lo desconocido y demás cosas un eclipse les hizo su sueño posible, su voluntad no encontró barreras pero así ellos mismos lo decidieron.
Alas escondidas
Todos los días, cuando caía la noche y el frió empezaba a incomodarla, la lombriz se daba cuenta de que no podía seguir su camino, y volvía al origen, por miedo a no saber dónde se encontraba al día siguiente. Había veces que estaba mas astuta que otras, por lo que recorría un poquito más, pero nunca lo suficiente como para llegar al destino que siempre había anhelado tener.
Intentó una y mil veces planeando diferentes estrategias, pero siempre con una seguridad escondida de que no lo iba a lograr, de que ella no era capaz.
Un día se cruzó con una hormiga, que intentó ayudarla. Corrió cada hoja de su camino, para que no tuviera obstáculos de más, y de paso, la hormiga llevaba comida a su casa, que siempre faltaba. Ese día la lombriz llegó mucho más lejos que de costumbre, pero todavía le faltaba la confianza para creer que ella podía lograrlo. Así la fueron ayudando diferentes insectos, una mosca le decía que debía molestar a los demás, para poder lograr sus objetivos, pero mucha atención no le prestó. Una araña le dijo que la mejor forma iba a ser trepando, pero claro, ella tenía ocho patas, y la lombriz ni una.
Hasta que un día, se cruzó con el insecto más lindo de todo el aire libre, seducía a quien quisiera con su vuelo delicado, era la libélula, que enseguida se mostró interesada en ayudar a la pobre lombriz. Al contarle su problema la libélula comenzó a reír, pero antes de que la lombriz se enojara por la falta de respeto que eso implicaba, la libélula le dijo que a ella también le había costado mucho conseguir sus objetivos, que nunca se había animado a volar, pero que poco a poco, fue perdiendo el miedo y ganando confianza, perdiendo la resignación y alcanzando objetivos. La lombriz seguía un tanto enamorada a la libélula con la vista. La libélula le dijo, aunque no tengas alas, tenés que dejar volar tu imaginación, tus sentidos, tus miedos, tus deseos, para lograr todo lo que querés, porque querer es poder. Cuando quiso darse cuenta, la lombriz estaba siguiendo el vuelo de su amiga la libélula, que la había conducido al lugar tan preciado desde hacía tanto tiempo.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Ahora
martes, 10 de agosto de 2010
Retro-alimentación
miércoles, 4 de agosto de 2010
Gama de colores.
Yo pensaba que estaba loca, parecía serlo. Siempre se vestía con todos los colores del arco iris, y más. Uno no la entendía cuando hablaba, porque hablaba cosas raras y sin sentido. Quizás porque nunca la escuchamos, o quizás porque realmente no ataba ningún nudo con sus palabras, no lo sé.
Pero lo que si era cierto, era que ella no creía en ella. Creía en sus lentes.
No, no estoy loca yo también. Ella, se ponía los lentes rosas y el amor existía para todos, regalaba frases hermosas a quién las necesitara, y las flores crecían hasta en el helado invierno. Pero cuando los cambiaba por los oscuros lentes negros, ni el verano más luminoso merecía una sonrisa en su extraño rostro. El pesimismo ahondaba cada accionar de su ser, negro, obscuro. Bajaba de un hondazo a quién creyera que la vida era feliz, porque para ella, esos días con esos lentes, no eran felices.
Y así, cambiaba su personalidad según sus gafas, las verdes contagiaban de esperanza hasta a quien tenía menos chances de vivir, las naranjas brindaban alegría, las azules le daban serenidad...
Cuentan que un día (no sé si es cierto o no, es lo que se comenta) la chica de los lentes de colores, comenzó a ver borroneados sus sentimientos, algo le pasaba y no comprendía qué.
Sus conocidos, porque no tenía amigos capaces de soportar sus variados estados de animo, le comenzaron a querer solucionar el problema de falta de nitidez. Algunos le dijeron que debía dejarse unos siempre, pero pensó que no le funcionaría, uno no es siempre feliz, ni siempre calmo, ni siempre esperanzador. Otros le recomendaron que se acostumbre a ese problema, que molestaría al principio pero que en algún momento no lo iba a notar. Pero ninguna respuesta parecía contentarla.
Hasta que un día, decidió optar por lo convencional. Fue al oculista. Claro, ¿dónde sino? Era obvio, es el lugar donde la gente va cuando tiene problemas de vista.
El oculista, que se sorprendió mucho al verla con las decenas de lentes colgando en su cuello, pensó que era una promotora de alguna óptica (desconfió al instante al ver el mal gusto de sus modelos) pero se confundió, era la siguiente paciente de la lista.
La chica le comentó el problema, y él le pasó a realizar el correspondiente exámen oftalmológico.
No tenía ningún problema. Es más, tenía una vista envidiable.
Se fue del oculista, y camino a su casa se encontró con un muchacho raro, de apariencia similar a la suya, pero mucho más alto y sin lentes colgando en su cuello. Él le preguntó si tenía algún problema y ella, aunque al principio se asustó, le comentó su conflicto. Antes de que termine su relato, el chico desconocido le dijo: -Claro, entonces empezaste a ver borroneado. La chica rara se sorprendió y asintió con la cabeza estupefacta. Entonces el chico añadió: -El problema no son tus ojos, el problema no es tu vista, el problema son tus lentes. No podes pretender ver el mundo de una sola forma, de un solo color. Nada es tan lindo ni tan feo en esta vida, simplemente es la suma de todas esas cosas… ¡Por suerte! Ahora probá sacarte esos lentes, y vas a ver que lo mejor que tiene este mundo, es la suma de todas las cosas que te, que me, que nos, que les pasa a cada uno de sus habitantes.
En ese momento, sin lentes, fue todo color de rosa por un instante, se miraron, se tomaron de la mano, y siguieron caminando por un mundo lleno de colores.