En el pueblito de Luis, todos los días salía el sol, y se dejaba ver. No había día en que uno se asomara por la ventana y no lo viera radiante, y hermoso. Los ancianos del pueblo se pasaban horas tomando mate en los patios de las casas y los nenes jugando en la vereda hasta que se hiciera de noche. Todos disfrutaban de eso, todos amaban tener el sol siempre para ellos, cuando hacía frío no hacía falta más que quedarse quietito en algún lado que de el sol, y esperar que haga lo suyo. No les preocupaba si el pronóstico del tiempo anunciaba lluvias por todo el fin de semana, porque a ellos no les afectaba. Eso generaba un ambiente muy lindo, ya que siempre se escuchaban risas de los vecinos y sonrisas entre los amigos.
Pero un día, Luis, estaba en su vereda y de repente, su vecino, llamado Julián, se tropieza, y sin querer, le rompe el juguete preferido de Luis, quien le gritó tan fuerte como pudo y lo empujó.
En ese preciso momento, en el pueblo se asomó una nuebecita, pequeña y casi insignificante, pero era una cosa extraña allí, porque nunca aparecían. Julián le contestó más fuerte aún, diciéndole que había sido sin querer, pero de mala manera y hasta insultándolo. Otra nube, un poco más grande, se posó sobre el cielo del querido pueblo. Y así, siguieron discutiendo un rato más, cada vez que uno hablaba de mala manera, otra nube (cada vez más enorme) cubría el cielo.
Al armar tanto alboroto, comenzaron a llegar otros nenes. Los más amigos de Luis, lo ayudaban a gritarle a Julián, y los más amigos de Julián, insultaban a Luis, fuertemente.
De repente, era todo un griterío y todos se la comenzaron a agarrar contra todos, y así, el cielo, cada vez estaba más lleno de nubes, grises y negras, como cuando está por llover.
Un viento muy fuerte se levantó, y en el pueblo que jamás llovía, comenzó a llover, decenas de rayos y truenos, llenaron el lugar, y los vecinos corriendo y espantados, por no estar acostumbrados a ese tipo de clima, empezaron a entrar en sus casas. Los nenes seguían ahí, gritándose y discutiendo, hasta que de repente llegaron dos señores, uno alto y morocho, y uno petiso y rubio, muy distintos físicamente. Ellos gritaron más fuerte que ninguno de los nenes pidiendo silencio. Los chicos se quedaron callados al instante. Ellos les contaron, que cuando tenían su edad, también había llovido en ese pueblo, y que había sido por culpa de ellos dos.
El muchacho alto y el muchacho petiso, se llevaban muy mal, y al ser tan diferentes un día se pusieron a discutir y terminaron a los gritos como ellos, y poco a poco, el cielo celeste se convirtió en gris, y la lluvia comenzó a caer. No sabían que hacer, se quedaron estupefactos al ver un cielo tan gris en un pueblo donde siempre era tan azul y tan hermoso al igual que ellos en ese momento. Pero después de un rato largo se pidieron perdón y las cosas empezaron a cambiar.
El hombre petiso les dijo que cada vez que ellos se trataban mal, se posaba en el cielo una nube, y cada vez que se pedían perdón, se retiraba. También les dijo que el secreto para que el sol siempre brillara en su querido pueblo, era el trato amable que había entre los vecinos, pero que casi nadie lo sabía, era un secreto que solo se debía contar cuando era necesario, como en ese caso.
En ese momento, a los chicos mucho no les inetresó el consejo de esos vecinos, y se fueron a sus casas enojados. A la mañana siguiente, quisieron salir a jugar a las figuritas, pero no podían, porque se les empapaban y se arruinaban, quisieron ir a jugar a la pelota pero el campito estaba arruinado por el barro, y encima, entre los pocos que se llevaban bien no alcanzaba para hacer un buen partido, así que volvieron a sus casas. Cuando llegaron veían a sus familiares aterrados de tener lluvia en ese pueblo, algo tan raro. Y todo por la desunión que se generaba por una pelea tonta y sin sentido.
De a poco se fueron juntando todos en la vereda de Luis nuevamente, como el día anterior y se pusieron a charlar.
Los nenes preocupados por tener el cielo tan gris y aburrido, y la lluvia aterrando a sus familiares, comenzaron a pedirse perdón unos a otros, Julián le dijo a Luis que había sido simplemente un accidente y este le dijo que tenía razón, que a él también le podría haber pasado.
De a poco el clima fue cambiando y el día se volvió a poner tan lindo como siempre, ahora, todos compartían el secreto de saber por qué siempre el sol salía en su pueblo, y comprendieron que les gustaba más el cielo azul y brillante para disfrutarlo todos juntos, que el gris y lleno de gritos que habían vivido esos días. Entendieron al fin, que al estar unidos ganaban mucho más de lo que perdían discutiendo, tratándose mal y poniendo sus días grises.
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