Hay muchos indicios,
diarias profecías,
que anticipan la lluvia,
que te advierten y avisan.
Pronóstico del tiempo
más o menos errado,
dolor de rodillas,
el pelo encrespado.
Pero nadie me avisó,
ni tuve un solo informe
del dolor interno,
de la lluvia del alma.
Cientos de poetas,
con lindas metáforas,
suelen identificarte
pero jamás avisarte
el día que llegará.
Caos subjetivo,
angustia en el pecho,
no lo llevan las olas,
ni el poder del viento.
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