miércoles, 22 de septiembre de 2010

El impulso del perdedor.

Cada domingo, Joaquín se juntaba con toda su familia en la casa de sus abuelos. Compartían esa tradición desde siempre, alguno llevaba un postre, y pasaban horas y horas charlando y contando anécdotas de años pisados. Joaquín era el más chiquito de la familia, y no tenía alguien de su edad para jugar, por lo que se aburría seguido. Su tío, que era muy compinche de él, siempre le preparaba con un pedacito de alambre, y una taza con detergente y agua, un burbujero. Joaquín se podía pasar horas haciendo burbujas, grandes y pequeñas, que duraban una pequeña eternidad o que casi no lograba visualizarlas.
Apenas terminaban la comida, el niño se acercaba al tío y aunque no le decía nada, él ya sabía qué quería: el burbujero. Por momentos no quería volver, aunque quisiera ir al baño, o frenar para tomar algo. Era su pasatiempos preferido, hacer burbujas, y observarlas.
Uno de esos domingos, Joaquín se sintió mal. Se dió cuenta que, aunque era su pasatiempos preferido, y aunque nunca se cansaba de mirarlas, las burbujas, que eran perfectas, esferas preciosas en las que siempre veía un arcoiris hermoso y brillaban más que cualquier otra cosa que él había visto en su corta vida, siempre acababan reventando, nunca podía quedarse con una de ellas, para guardarla en el bolsillo y mirarla cada vez que quisiera. El tío, le contestó. Lo fantástico de las burbujas no está en ellas mismas, lo mejor de ellas es que uno siempre está dispuesto a llenar los pulmones de aire, para soplar todo y no dejar ni un poquito, con paciencia, para no arrebatar al burbujero, y darse cuenta que ese gran esfuerzo, siempre vale la pena, porque siempre te devuelve un globo de aire perfecto, que brilla le dé o no el sol. Y cuando te sientas mal, porque resultan efímeras, instantáneas, fugaces, no dudes en que es un incentivo para hacer otra, y otra, y otra.
Joaquín, abrazó y le regaló una sonrisa enorme al tío, llenó sus pulmones de aire, y lleno el cielo de burbujas, como todos los domingos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario