martes, 26 de julio de 2011

Inmensidad

Andaba feliz sin comprender la felicidad, pero creyendo vivirla. Caminando sin esperar encontrar algo, descubrí un rio inmenso que me seducía a sumergirme, pero la desconfianza a algo tan nuevo hizo que desviara mi vista, sin poder borrar esa imagen paradisíaca de mi cabeza. Quise tomar otro camino pero todos conducían al mismo, esa primera visión, aunque bastante superficial, no pudo borrarse de mi, parecía que la retina tenía memoria, y la memoria tenía una corazonada.

Lejos pero cerca, buscando volver paso tras paso, sin posibilidad de pisar en falso, retomé el camino que había seguido, huella a huella, esperando volver a ver ese rio que mi mente jamás pudo ignorar. La segunda vista fue mucho más intensa, mucho más profunda. Escuchaba las piedras sumergidas como si me llamaran, como si me obligaran a dar el salto al lugar desconocido. Cerré los ojos y cumplí mi sospecha. Me empapé de esas aguas casi tibias, placenteras, sumamente interesantes. Me sentí humillada ante tal inmensidad, pero creí haber encontrado un lugar para quedarme. Sentí que era mi momento de disfrutar. Solamente ahí comprendí que la felicidad no se encuentra en el vacío de sí misma, que algo más esperaba, que algo más me esperaba.

Y hoy nado. Nado sonriente como si la tristeza no existiera. Nado relajada de descargar cargas añejas que me hacían sentir presa. Mi libertad ya no anda sola buscando un camino. Mi libertad consiguió romper el límite de la individualidad. Nado llena de escalofríos, pero de los lindos, porque ese rio me abraza y me hace adicta a él. Hoy me redescubro, ya no soy yo. Soy nosotros. Nosotros cómplices, felices. Y la inmensidad de ese rio no la llegué a descubrir, y hoy me hago también rio, y río de alegría. Y hoy, tengo un sinfín de fuerzas para nadar nuestro rio.

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