Les presento al mundo gris. Este es un mundo que no conoce colores, ni texturas. A este mundo le faltan tonos que tiñan la vida. Se los presento con ganas de que jamás nadie lo conozca, que nadie lo viva, que nadie lo sienta. Que sea más lejano que Plutón. Que sea menos conocido que los extraterrestres. Un mundo, que espero que nunca sea mi mundo.
A este mundo le faltan sonrisas y le sobran espejos. Espejos que solo reflejan rostros vacíos, que miran su propio ombligo. Miran para adentro, por miedo a mirar la realidad. Miran la nada y creen vivir felices porque así no encuentran problemas, pero no saben que tampoco encuentran desafíos, ni alegrías. No festejan existir, no sufren existir. Son personas grises que les falta ver, personas grises que les falta conocer lo maravilloso que puede ser un mundo de sonrisas, un mundo de miradas, un mundo de colores.
Este mundo de espejos, es también un mundo de individualidades. Mundo del yo. Dividido en tantas partes como personas. La búsqueda del otro está pasada de moda. La única moda que existe es la que te dice qué prenda vestir, que aroma oler, que música disfrutar. Otra persona está de más. A este mundo gris le falta el color de la compañía. No se trata de príncipes azules que en realidad no existen. Hablo de otra persona que te permita conocer nuevos horizontes, que quiebre los moldes que uno mismo se impone, que te haga entender que el mundo es infinito para conocerlo en soledad. No entiende que el abrigo más grande es el de ir caminando tomados de la mano, ni tampoco entiende que las cosquillas en la panza no son un mito. Le falta, a este mundo, el color y el calor del otro.
En la balanza del mundo gris, lo que pesa no sacia. Atender a las demandas de lo que la publicidad te obliga a consumir ocupa un gran lugar, pero nunca sacia ni corazones ni cabezas. El lado de la balanza que está vacío es el que los hombres grises viven buscando, casi sin esperanzas, casi sin expectativas de lograr conseguir. Por no conocerlo, por no planteárselo, el otro lado de la balanza, el que en realidad pesa, no existe más que escondido, refugiado y camuflado en el deseo de los hombres.
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