martes, 2 de noviembre de 2010

Urra

Enojarme. Enojarme con el diccionario. Horas buscando, de la A a la Z, una palabra, una llave maestra, que enlace, todo lo que significas. Puedo leer cientos de poemas bonitos, cuentos aventureros, escribir nuestras propias historias, pero sigue el enojo. Nada puede encerrar en una palabra todo eso que hace que seas el bastón de mi vida. Y me enojo con el diccionario, pero también conmigo. No puedo dejar de borrar, no encuentro las palabras, ni las emociones. Tengo un volcán de ideas, chorreando lava de recuerdos y de anécdotas, pero que no puedo controlar. Queman, pero se vuelven roca y no llego a concretarlo. Ideas de añares caminando un mismo camino. Me gustaría, tener esa patineta, que siempre iba hasta el cielo, y volvía a este camino. De ida y de vuelta, para ver si tan arriba, tan lejos puedo encontrar ese término incógnito. Y en la ida y la vuelta solo encuentro, cartas, abrazos, llantos, risas, picardías, inspiración. Pero no existe. Comprobé que no existe esa palabra, o que la voy a tener que tratar de seguir descubriendo, cada día cuando me acerque y me de cuenta que el enigma que busco resolver con esa palabra es inagotable, como la gota de tu sangre que me corre por las venas, como vos y yo, como nuestra amistad.

Es el enojo más hermoso que conozco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario