Cuerpo de guitarra acostumbrado a los tormentos que la leyenda cultural le impone, parece no ser de carne y hueso, sino de piedra, fuerte e irrompible. Delicadeza que asombra, baila en el aire dejando una estela de suavidad, un perfume de talento. Padece sufrimientos propios y ajenos, dolencias heredadas, asignadas y asumidas. Lucha con viento en contra, caminando sobre clavos, descalza, despojada de protección. Entonces, ante tal inmensidad, el resentimiento, amigo de la envidia, se hace protagonista, intentando acosar tal maravilla. Es compromiso de todos no permitirlo, y obligación tuya denunciarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario