miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ruido a silencio.

Ya se oye el silencio. Se eriza cada poro de mi piel, esperando que la suavidad de tus dedos desprolijos les tarareen una canción. Mis labios, esperan de tus palabras para que le abran el telón a mis dientes, y así te regale una sonrisa de las miles que tenemos acumuladas. Afuera, el baile de las hojas de los árboles, componen una sinfonía que mis oídos suelen ignorar, y sin embargo, en este momento, ese detalle inunda de perfección la escena. Tu respiración, inquieta y alborotada, no conoce al disimulo, pero logra camuflarse en el silencio, porque en este momento forma parte de él. El milagro de tus pies, enredados con los míos, me deja inmóvil, inerte. Pero tus párpados están cerrados, soñas con quién sabe qué, y mis ojos se deleitan con el manjar de esa imagen. Dormís, y todo es silencio.

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