Un día que era noche, el sol se sintió humillado. Porque vió de lejos que noche era amigos despreocupados por horarios y obligaciones, noche era cena en familia, era estrellas brillando y llenando la memoria de alegrías, era tranquilidad y silencio, era grillos cantanto sin que nadie los ignore, noche era frío de abrazos, y noche era también alegría de algunos viciosos.
Pero no sabía que la luna se sentía avergonzada de no abrigar a los nenes jugando en las plazas, ni de iluminar las mañanas en las que se necesita un poco de luz para empezar. Tampoco sabía que era capaz de tardes de mates con amigos, ni que regalaba a todos una imagen en la retina que jamás se desprendería de alguien: el amanecer.
Noche es fuego encendido iluminando recuerdos de un pasado cercano, y día es brasas que olvidan ese momento. Pero día es vivencias únicas que noche solo las percibe un tanto borroneadas por alguna compañía en forma de botella.
Noche y día, luna y sol, oscuridad y claridad, se celan constantemente, se sienten humillados, pero no se juntan, por temor a sentirse completos.
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