En esas pocas noches en que la noche la dejaba en soledad, ella sentía que dormir era lo único que la contentaba. Porque cuando ella la acompañaba, se sentía cómoda en el regazo del alcohol y de las amistades, o de los amores, pero nunca se sentía bien cuando, paradójicamente, la soledad la acompañaba. En esos momentos solo sentía ganas de dormir, profundo, sin que nada se le interpusiera en el plan. Los sueños no solían ser parte de su vida, porque, si como dicen, soñaba porque siempre soñamos, ella nunca se acordaba. Quizás por estar tan entretenida en el vivir, o por no querer viajar por sus deseos, cada mañana (que en realidad eran tardes) los sueños no llenaban su silencio “matutino”, eran olvidados, como solemos olvidar ciertas cosas que no nos importan, o ciertas cosas que, en el fondo, queremos olvidar. Por más fuerza que hiciera por recordar esa mentira que su mente había creado durante la noche, ella no podía recordarla, había cierta censura que su mente sufría con cada despertar.
Intentó todo para que al menos, recordara solo una parte de aquello que en su fantasía, o en su surrealismo, ansiaba. Puso un anotador en bajo su almohada para escribir tips, ideas, que le tiraran una coordenada, pero de poco sirvió. Hizo esfuerzos inhumanos para recordar, y nada. Hasta trató de hacerse soñadora en momentos que las ganas de dormir ni se presentaban, para engañarla y descubrirla, pero poco logró.
Tantas cosas, tanto intento frustrado de entender lo que de día no se animaba a planear, que se había olvidado de sus aspiraciones, de sus anhelos. Se había olvidado que cientos de sueños la esperaban despierta para ser cumplidos, que miles de metas sin cumplir buscaban barrer el límite de la posibilidad para volverse un posible, que su imaginación era posible, y que sus ideales no tenían más límites que sus miedos.
Desde ese momento supo que los sueños dormidos no valen nada, y que cumplirlos despierta eran justamente, su sueño. Que la vida le ponía obstáculos y su sueño era superarlos. Que sabiendo que su deseo era difícil de lograr se volvía más ansiado, y así mismo, se volvía más ansiado realizarlo. Que si cumplía un objetivo, el próximo era más ansiado, y que esa era la única ambición que valía la pena.
Entonces supo, que soñar dormida valía poco, al lado de soñar despierta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario