jueves, 23 de diciembre de 2010

Por qué gano.

Competir es una lucha, en la que un fin es el objetivo y anhelo de dos o más personas. Ganar o no depende de las actitudes, de las aptitudes y de la forma de desarrollarlas para lograrlo. Por momentos la lucha es pareja, empate, mitad y mitad. Pero por otros momentos la lucha se convierte en un robo, en una ridiculización, en algo sin sentido. Que una liebre compita contra una tortuga en una carrera es ridículo, porque la liebre le gana por goleada.

Cuando la creatividad para llegar triunfar tiene protagonismo, se puede decir que es una carta difícil de ganar. Un ancho de bastos, como para dejar la mínima esperanza de que la espada venga a competir, a dar una estocada, a pedir revancha. Pero no es simple encontrarla, no nos acompaña siempre la suerte, nos deja inmóviles esperándola.

Las miradas cómplices de tener esa carta en las manos, el as que puede cambiar el destino de la lucha, de la competencia, del ganar, es mi silencio. Silencio de otorgar el mejor lugar, de aceptar las palabras justas, creativas, inspiradoras. Silencio de ahogar miles de palabras en una sonrisa, silencio de no querer aportar más por miedo a olvidar esa última palabra encantada. Silencio, de admirar. Silencio.

Este silencio me es un ancho de espadas, porque gano, gano esta competencia, por quedarme sin palabras.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Metafísica en contra del ser.

Ellos siempre escucharon hablar del otro, pero nunca quisieron aceptar que podían tener razón. Creían que su verdad era la verdad absoluta y que nada podía ya igualarlos. Necesitaban creer en ellos mismos para subirse al pedestal del éxito y sentirse más de lo que son. Ellos iban por el mundo caminando y haciéndole creer a la gente que ellos iban a marcar sus vidas, que por ellos pasaba la suerte o la fatalidad de las personas, solo por ellos.

Llenaban de ilusiones, o desarmaban ideales a quien necesiten una respuesta, un consuelo, una salida. Algunos creían en uno, otros en el otro, o se refugiaban en la que más le convencía en ese momento. El destino, inevitable, irremediable, absoluto, y el Azar, casual, aleatorio, instantáneo.

Los dos se nombraban papel y tinta de la vida ajena, escritores de un presente y un futuro incierto, que las personan ansían conocer, siempre apurados, siempre un paso adelante. Otros se aprovechaban del deseo de saber y saber que es notable en el ser humano, y llenaban de profecías falaces, de augurios justificados con algún horóscopo vulgar, pero siempre nombrando esas dos palabras, Destino y Azar, que parecían contentar a quienes la escuchan, con una especie de conformismo que no tiene explicación.

Pero un día, la gente se animó a pensar por ella, en dejar al Destino y al Azar pelearse a sus espaldas, en una guerra sin sentido, y comenzó a preocuparse por escribir a mano alzada sus acciones, a mover las piezas del ajedrez de la vida con astucia, sin suertes ni predicciones, sino con la conciencia de que ganar o perder está en las manos de cada uno. Ese día la gente entendió que si uno quiere puede lograr cosas enormes, buenas y malas, que la que haga hoy va a afectar el resto de sus vidas, que las decisiones deben ser impulsos del corazón y no condicionadas por mentiritas que conforman a los que no pueden creer en ellos mismos.

Ese día se llama Utopía, y espero que llegue pronto.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Inseguro, o Indeciso, o dudoso.

Arrojar palabras y enredarme en ellas

Encontrar un cimiento donde desmoronarme

Gritar silencios, sin involucrarme

Callar los gritos, dejar mil huellas.

Despertarme a vivir el sueño

Buscar problemas a mis remedios,

Cantar sin voz en este cielo

Vulnerarte como mi dueño.

Buscar creer en algo incierto

Anhelo de cumplir alguna utopía

No querer saber qué es de esta vida

Buscando tanta agua en el desierto.

Hacerle compañía a la soledad

Tener la valentía de resolver fugar

Estar en la búsqueda de ese lugar

Que al no existir sea fatal.

Encontrarme cuando decida escapar

Perderme en ese conocido punto

Poder decidir que no sea juntos

Acompañados de esa cobardía a jugar.