martes, 3 de julio de 2012

Vivo


Aire. Respiro aire. Cuento hasta diez, y dejo, sin pensarlo, caer un suspiro. Miro un punto fijo, que no es nada. En esa nada que miro, se reflejan como un remolino imágenes desordenadas, todo lo que pasa por mi cabeza se dibuja y se desdibuja en la nada, en el punto fijo. Pienso pero no llego a escucharme. El frenesí de ideas que pasa por mi cabeza no me deja pensar. Me asfixia. Quiero gritarlo, pero, no… ¡¿No?!
Mi rostro mojado por esa lágrima que se dejó caer me relaja. Es un baño de vida, estoy sintiendo. Todo lo que siento no es mentira. Mi abdomen se endurece, se asusta. Mi saliva parece más densa que nunca, me cuesta tragarla. Mi cuerpo expresa lo que mi corazón siente.
Cierro los ojos e inspiro, pero no solo aire. Inspiro racionalidad, eso que viene después del sentir. Sentir no es racional. Me pongo a pensar, y una catarata de preguntas inunda mi cabeza: -¿Qué me pasa? ¿Quién habita mi cabeza? ¿Por qué me siento así? El silencio se apodera por segundos eternos de la escena.  De repente, me ilumino. Todas las piezas del rompecabezas encuentran su lugar, todas las preguntas encuentran su respuesta.  Ahora sé lo que me pasa: me encontré a mi misma.

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