Ahí están las ideas. Latentes. Vitales, bien verdecitas,
esperando en la rama de cada árbol que solemos ignorar. Nos esperan llenas de
vida. Despilfarran existencia. Encandilan de vigor. Cada nervadura, nos dibuja
un camino para seguir, para leer esa hojita que siempre está esperando ser
vista, cansada de pasar inadvertida. Y vemos, como cada otoño, miles de hojas
caen y miles de ojos las ignoran. Secas,
ya sin vida, tiñen de ocre el asfalto gris de la vida, y trazan líneas de
melancolía, esperando a que vuelva la primavera, para volver a ser verde
esperanza, y que un loco, un raro, un distinto, elija una, la cuide, la vea, la
valore, la llene de significado y la comparta. Pero todas las demás, pobres
desechadas que no tienen voz para gritarle al mundo ¡Aquí estoy!, van a caer el
próximo otoño, crujirán bajo las suelas de las zapatillas que las pisan, que
las enmudecen, sin poder expresar que
fueron calladas.
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