domingo, 13 de mayo de 2012

Las ideas.


Ahí están las ideas. Latentes. Vitales, bien verdecitas, esperando en la rama de cada árbol que solemos ignorar. Nos esperan llenas de vida. Despilfarran existencia. Encandilan de vigor. Cada nervadura, nos dibuja un camino para seguir, para leer esa hojita que siempre está esperando ser vista, cansada de pasar inadvertida. Y vemos, como cada otoño, miles de hojas caen y miles de ojos las ignoran.  Secas, ya sin vida, tiñen de ocre el asfalto gris de la vida, y trazan líneas de melancolía, esperando a que vuelva la primavera, para volver a ser verde esperanza, y que un loco, un raro, un distinto, elija una, la cuide, la vea, la valore, la llene de significado y la comparta. Pero todas las demás, pobres desechadas que no tienen voz para gritarle al mundo ¡Aquí estoy!, van a caer el próximo otoño, crujirán bajo las suelas de las zapatillas que las pisan, que las enmudecen,  sin poder expresar que fueron calladas. 

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