lunes, 10 de enero de 2011

Homogeneidad es experiencia

-¿Por qué siempre te vestís de marrón?

Eso le preguntó esa tarde un nieto a un abuelo. Siempre se vestía de marrón, nunca de verde, o de rojo, de marrón. Y eso era el interrogante de su vida. No se preguntaba por qué el hombre destruye todo, ni por qué es un ser tan limitado siendo tan increíble. Su incertidumbre no era la de un mayor que suele estar abrumado por tanto desaliento, no, su duda era chiquita, inocente y concisa.

El abuelo no contestó inmediatamente. Se sentó en su mecedora, y le dio lugar al silencio para que elaborara alguna respuesta. Después de un momento, que al ser tan abstracto no se puede decir si fue largo o corto, le dijo que pensara en su color preferido.

-Azul

La respuesta fue cortita y llena de ansias por escuchar el veredicto.

- Bueno, el azul es tu color preferido, porque sos un nene calmo, que busca serenidad, quietud. Por eso no elegirías un naranja vibrante, ni un amarillo lumínico. Eso pasa. Elegimos colores, que no son eso que somos. A mucha gente le resulta aburrido el marrón. Pero no sabe que esa es la unión de todos los colores. Solemos rechazar eso que no somos, por ser poco tolerantes quizás. El marrón es la suma de todo aquello que no queremos ser, nos cuesta elegirlo, como nos cuesta elegir al Otoño como estación preferida del año, y es la estación más marrón que existe. No hay diversidad si no hay matices, ni opiniones. Optar por un violeta en vez de un celeste es descubrir el temperamento que tenemos y manifestarlo en un acto. No siempre me gustó el marrón, aparte de que a los ancianos nos obligan en cierta forma a usarlo porque las tendencias de la moda no les interesa nuestra edad, a esta altura de nuestra vida lo aceptamos más, porque ya lucimos otros colores, y nos dimos cuenta de que no es tan malo como parece.

No sé si el nene comprendió cada una de las palabras que dijo su abuelo, porque le resultaron difíciles o enredadas. Pero si sé que se levantó, abrazó a su abuelo y se puso la boina marrón que tenía colgada en su mecedora.

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