sábado, 22 de enero de 2011

Cientidos

Dicen que nacemos con 5 sentidos. Algunos, tienen la suerte de disfrutar al máximo de todos, aunque no siempre los aprovechen, otros nacen sin alguno o los pierden por el camino, a medida que van ganando experiencia en la vida. La vista, nos permite percibir esas cosas que son porque las vemos. Si nadie las viera, no existirían. Hasta los ciegos intentan saciar ese sentido usando la imaginación. El olfato, que nos hace viajar al pasado, sintiendo aromas que hacen que ese pedacito de historia que nos pasó, se repita, se reviva, se haga carne de nuevo. El oído, capaz de deleitarnos con unas cuantas notas musicales, pero también de ahogarnos en gritos, en chillidos perturbadores, que nada tienen que ver con ese deleite musical. Él, es muy amigo de otro sentido, de la voz, que nos hace pensar, nos hace arrojar palabras sin sentido, o muy pensadas, o nos hace querer tomar mate con amigos, y también hacer guerras internas con uno mismo, porque la voz no tiene por qué escucharse, la voz está presente siempre, aún cuando no está. El tacto suele pasar desapercibido, pero, ¿cómo no valorarlo? Es capaz de sentir caricias que abrigan el cuerpo y el alma, y con eso basta para coronarlo como otro sentido que completa nuestra vida.
Pero hoy, y ojalá que mañana, soy capaz de asegurar de que no son 5, son muchos más, que me hacen sonreír y me hacen enojar, que me dan impulsos al corazón, que hacen que hasta la soledad se sienta acompañada, que completan ese vacío que alguna vez existió, que me hacen sonreír sola, sin motivos del todo concretos, que hacen que todos los demás sentidos se sientan humillados ante tanta capacidad, que son fuego que quema recuerdos para olvidar y agua que sacia la sed de vos, que hace que tiemble cada parte de mi cuerpo aunque no tenga razones suficientes, que hacen sentir calor en el frío más lastimoso, y divierten los domingos a la tarde, que está en la panza haciendo cosquillas, y en algún otro lugar que no alcanzo a reconocer, que no tienen un nombre, no tienen una forma de explicarlos, y solo vos los podes encender.

lunes, 10 de enero de 2011

Homogeneidad es experiencia

-¿Por qué siempre te vestís de marrón?

Eso le preguntó esa tarde un nieto a un abuelo. Siempre se vestía de marrón, nunca de verde, o de rojo, de marrón. Y eso era el interrogante de su vida. No se preguntaba por qué el hombre destruye todo, ni por qué es un ser tan limitado siendo tan increíble. Su incertidumbre no era la de un mayor que suele estar abrumado por tanto desaliento, no, su duda era chiquita, inocente y concisa.

El abuelo no contestó inmediatamente. Se sentó en su mecedora, y le dio lugar al silencio para que elaborara alguna respuesta. Después de un momento, que al ser tan abstracto no se puede decir si fue largo o corto, le dijo que pensara en su color preferido.

-Azul

La respuesta fue cortita y llena de ansias por escuchar el veredicto.

- Bueno, el azul es tu color preferido, porque sos un nene calmo, que busca serenidad, quietud. Por eso no elegirías un naranja vibrante, ni un amarillo lumínico. Eso pasa. Elegimos colores, que no son eso que somos. A mucha gente le resulta aburrido el marrón. Pero no sabe que esa es la unión de todos los colores. Solemos rechazar eso que no somos, por ser poco tolerantes quizás. El marrón es la suma de todo aquello que no queremos ser, nos cuesta elegirlo, como nos cuesta elegir al Otoño como estación preferida del año, y es la estación más marrón que existe. No hay diversidad si no hay matices, ni opiniones. Optar por un violeta en vez de un celeste es descubrir el temperamento que tenemos y manifestarlo en un acto. No siempre me gustó el marrón, aparte de que a los ancianos nos obligan en cierta forma a usarlo porque las tendencias de la moda no les interesa nuestra edad, a esta altura de nuestra vida lo aceptamos más, porque ya lucimos otros colores, y nos dimos cuenta de que no es tan malo como parece.

No sé si el nene comprendió cada una de las palabras que dijo su abuelo, porque le resultaron difíciles o enredadas. Pero si sé que se levantó, abrazó a su abuelo y se puso la boina marrón que tenía colgada en su mecedora.

martes, 4 de enero de 2011

Conocernos por papel (con Caro y Mau)

No hay un lugar que pueda complacer al más simple habitante de mundos desconocidos, porque somos distintos y eso hace a la diversidad. Mi mundo y el tuyo son otros, gigantes en todos sus rincones, combinados a la perfección. Una necesidad deliciosa que nos reúne para mirarnos atentos y que ningún detalle se nos escape de los ojos.
Y le dije que ponga Juana y ni bola, puta! Muy!!! (pausa necesaria)
Con excesos de voluntades y represión, con centenares de seres desconocidos, y huellas en la arena, volátil, como el viento las imágenes rebuscadas siempre listas para cazar, como paisajes momentáneos que disfrutan de nuestra presencia.
"Amor, que dure para siempre" Frase copiada, porque no me atrevo a dejarme volar, y a llegar a ese lugar que ni mi inconsciente conoce, por lejano, por miedo, por inalcanzable, a causa de las condiciones que nos provocan y nos castigan. Nos dejan a solas.

lunes, 3 de enero de 2011

Cargando

Cada vez que un imposible se vuelve realidad, nos vemos atorados en una rueda sin fin, que gira y gira. Ese imposible se transforma en posible, y por tanto en menos deseado. Es como si en una carrera, el corredor, llegase a la meta, y se le sumaran 10 metros más, y llegara a la meta nuevamente y se le sumaran 15, y así sucesivamente. Tenés algo, lo guardas en lo más profundo de tu interior y ya anhelas otra cosa distinta. Es intentar alcanzar a tu propia felicidad, para cuando la tengas, intentarlo de nuevo porque esa felicidad no era la felicidad completa. Somos seres incompletos. Siempre nos hace falta algo, carecemos de una completitud en todo momento.

Nos quejamos de que el objetivo se aleja cada vez más, parece que lo tenemos ahí, casi en la palma de la mano, y cuando corremos a su alcance, se desdibuja, se pierde el foco, se deshace y se aleja un poco más.

Pero ¿qué mejor que eso? El día que nos sintamos conformes va a ser el día menos esperanzador del mundo. Si yo mañana no quiero otra cosa, no voy a prender el motor que me impulsa a cumplir mis sueños. Si el mañana no es un signo de pregunta, se acaba el deseo. Y si se acaba el deseo, se acaban los objetivos, y se acaba todo eso que nos hace incompletos, pero que nos hace seguir transitando por el camino de las utopías, que tan felices nos pretenden hacer.