Sentimos el roce de la piel, no nos miramos, el frío alcanzó para que el deseo active cada parte de nuestra soledad, y que en un instante sea solo parte del pasado. Recorrimos cada parte de nuestra piel y los libros fueron testigos de nuestro amor, de nuestro impulso. El aroma a libro viejo de la clásica librería de la calle Bolivar permitió, que combinado con aquel olor a parqué encerado y a ese perfume, tu perfume, nunca más olvide ese momento.
Mis ojos permanecían cerrados, quizás por eso mi tacto y mi olfato estaban tan alertas, tan capaces. Con miedo a perder esa fragancia, empecé a entreabrir mis ojos, como cuando uno ve el sol del alba, y mis dedos se dieron cuenta que estaba sola, el aroma volvió a ser el de la ciudad, lleno de contaminación, y vos, recién habías hecho rechinar el último escalón, que te llevaba a mi sector preferido de la librería.
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