martes, 22 de junio de 2010
Sinceras calumnias
domingo, 20 de junio de 2010
Contrapuestos
viernes, 18 de junio de 2010
SusTusMis-Las Sonrisas
jueves, 17 de junio de 2010
Dichos y hechos (corto trecho)
martes, 15 de junio de 2010
VLV
lunes, 14 de junio de 2010
Amarga miel
y ya subis la muralla
escondida entre el mundo
que tanto te lastimó.
Crees seguro tu artificio
de pensar en un sin pena
pero queriendo alejarte tanto
de eso que queda de vos.
No subas más, de lo que podés llegar
mentirte a vos mismo te hace tan mal
Y si llorar, te hace calmar
no dudes en ellos que siempre están.
El tiempo no quiere ya sobrevivir
un día, mil años, reloj de Dalí
create un mundo de paz interior
y nunca pierdas ese dulce sabor.
Fundite en el extraño que habita en vos
mediá ese bueno y ese malo que sos
que al corazón no lo impulse la razón
que duela, que arda, eso es el amor.
miércoles, 9 de junio de 2010
Preservar y transmitir
Líneas horizontales, llenas, repletas de unidades que carecen de sentido, pero juntas encuentran el sentido que uno siempre supo pero se despierta en el momento que sus ojos las unen en vocablos que tampoco tienen sentidos solos. Jerarquía hermosa que encuentra tus sentimientos más alejados, o que te hacen fantasear en un sinfín de mundos ajenos, donde por un rato se hacen propios y te hacen olvidar del verdadero mundo en el que vivís.
Un juego lindo de jugar, que te tiene tenso, desorientado, en el mejor de los casos atrapado para PUM, sorprenderte, dar un giro rotundo que jamás hubieras imaginado, pero que en lo más profundo de tu imaginación siempre deseaste, siempre quisiste que suceda. Hojas y hojas llenas de vida que hacen disfrutar instantes mágicos. Imágenes que solo se guardan en tu cabeza y que jamás de los jamases, nadie va a compartir con vos, porque el vínculo es cerrado, en el que están vos y él.
martes, 8 de junio de 2010
Des-encuentro
Cuando empezó ese otoño no creí que las cosas iban a estar así. Miré por la ventana y solo pude ver pasar un auto ligero, apurado. ¿Quién puede estar apurado en otoño?
No encontraba el momento del día para dar mi paseo diario en bicicleta… A la mañana hacía mucho frío, a la tarde se duerme la siesta, porque todos en este nuevo pueblo duermen la siesta, y mamá dice que es un peligro ir por la calle cuando no hay un alma. Y la nochecita es devorada por el otoño. No existe nochecita posible, como en primavera que cuando llega el atardecer uno disfruta de entrecerrar los ojos y ponerse algún que otro abrigo finito. No, estoy lejos de mis amigos, no tengo tiempo para pasear en bicicleta, que tanto me gusta, y es otoño. Miro el árbol enorme que se vislumbra por la ventana y me doy cuenta de que pobrecito, se está quedando sin hojas. Toda la vereda se ve inundada de hojas amarillas, ni siquiera son verdes esperanza, y todo porque es otoño.
Seguí mirando por la ventana pero sin ver nada, como cuando escuchas la televisión y no sabés que estas mirando, o cuando mamá me habla de lo lindo que es este nuevo pueblo en el que vivimos, que no la escucho. Después de un largo rato me di cuenta, y que tonta fui, ¿cómo no me di cuenta antes? El pobre arbolito se estaba quedando sin hojas y yo preocupada por mi paseo en bicicleta.
Pobre el arbolito, solo le quedan pocas hojas, pero yo estoy peor, yo estoy sin amigos acá en este barrio nuevo. A él todavía le queda alguna que otra hoja, pero yo estoy a kilómetros y kilómetros de mis amigos, no puedo agarrar la bici para ir a visitarlos, porque es otoño.
A la mañana siguiente me decidí. No aguantaba más el encierro en esa casa, porque todavía no es mi casa, yo me sigo sintiendo una extraña ahí. Pero no fui en bici, ahora estaba encaprichada, me dieron ganas de caminar, aparte así es más fácil de recordar lugares nuevos. En la bici no les doy bola. Mi paseo fue bastante largo, más de lo que yo esperaba, porque no fue fácil ubicarme en este pueblo. En el camino pensé un montón en el arbolito de la puerta de la casa en la que ahora vivo. Está bien que a él le queden hojas todavía, no me tengo que poner celosa. También pensé en cuánto extrañaba a esas personas que tengo tan lejos y cuánto iba a tardar en tener nuevas amistades. No encontré muchas respuestas, solo caminé y me llené de preguntas, como el piso de hojas amarillas.
Cuando volvía sentí algo raro, desesperación, angustia, no sé cómo llamarlo. Di dos o tres pasos más y entendí todo. El árbol se estaba por quedar sin hojas, y yo no hacía nada por él. Corrí lo más que pude, pero cuando llegué ya era tarde, la última hoja del viejo roble estaba volando por el aire, llegando al suelo más lenta que nunca, como si supiera que era la protagonista de ese momento. Tan concentrada estaba en ver el vuelo de la hoja que no pude darme cuenta de quién estaba sentada en la vereda de la nueva casa: Azul, mi amiga azul, ¿qué digo amiga? Mi hermana Azul estaba ahí y yo no podía sacar mi vacío en el alma por ver tan pobre y vasto de amor al viejo árbol.
Ahí me di cuenta. El arbolito y yo no podíamos ser felices al mismo tiempo. Él tenía sus hojas y yo estaba sola, el tiene su soledad y yo tengo a mi amiga. Nunca vamos a estar los dos contentos.