lunes, 15 de agosto de 2011

Guanaco.

Estos días fueron muy raros para nosotros dos. Tuvimos emociones desconocidas, una mixtura de dolor y satisfacción. Estamos acostumbrados a vivir situaciones peculiares, y estamos juntos en ese momento, aunque nunca logremos vernos el uno al lado del otro. Tenemos centenares de anécdotas grabadas en nuestra retina.

Digo que estos días fueron extraños, porque nos empapamos en una catarata de sentimientos. Al enterarnos la noticia, nos asombramos, abiertos como nunca antes, quedamos estupefactos ante tanta valentía. Esa fue la primer reacción. Después, la tranquilidad de ver tantas sonrisas de ilusión, de confianza, de optimismo, nos tranquilizaron un poco, no lo suficiente, pero el primer golpe había sido, de cierta forma, superado. El paso más difícil fue respirar profundo, cerrarnos, y al abrirnos vernos ahogados en un mar de miedos, de inseguridades, de emoción, de orgullo, de recuerdos, y que al abrirnos solo quedaran aquellas imágenes que nuestra memoria jamás va a borrar.

Nosotros, par de ojos, no sabemos tolerar tantas emociones juntas, pero este rostro en el que vivimos, este cuerpo que nos hospeda, este corazón que late tan fuerte y nos hace actuar, se refugia en las historias vividas, y está feliz de ver a su hermano combatiendo, remando en mares alborotados y caminando por vientos que, hasta ahora, no soplaban a su favor, por un sueño que como todos bien saben, va a cumplir.

martes, 9 de agosto de 2011

Él.

Un sueño en el que vivo, o una vida que sueño. ¿Qué importa eso hoy? Si donde siembro sonrisas crece la verdadera felicidad que creía conocer y de la cual solo conocía la unión de las letras, que formaba una palabra desconocida. Si cuando espero algo simplemente llega algo mejor, y me sigue sorprendiendo mi constante optimismo. Si la perfección que para mi no existía hoy se hace carne a mi lado, y ahora existe, y vivirlo es único. Si las miradas callan a todas las palabras por sentirse humilladas ante tanta expresión.

Contradicción. Hoy grito a los cuatro vientos todos mis silencios que pesan… y me siento tan liviana. Infinidad. No llego a conocer el infinito, pero solo un pedacito gratifica y llena el alma. Tuve que perder el corazón para que renaciera y logre conocer realmente su inmensidad.